El ideal de hombre dionisiaco.
El ideal de hombre que se hace Nietzsche es en un principio el ideal de hombre griego anterior a la filosofía. Nietzsche alaba el genio griego tal y como se refleja en las grandes tragedias, el espíritu dionisiaco. Este espíritu implica el afán de vivir, la pasión, la exaltación de los sentidos y el placer, las aventuras y la agitación. El hombre dionisiaco es aquel para quien el goce y la aventura son lo primero, para quien la fuerza es su primera virtud, aquel que sabe sacar el máximo partido a sus sentidos y a su propio poder, aquel que no se doblega ante ninguna moral superior ni desperdicia su vida en falsos mandamientos. El ideal de hombre dionisíaco representa la afirmación del instinto, del cuerpo, de la carnalidad, de la sensualidad y la diversión, de la vida.
Los valores de una vida ascendente, valores de autoafirmación y autosuperación, no estaban en el ideal de hombre de la época. Los valores que imperan son los de una vida descendente que llevan a la disolución de todo lo bueno, a su negación y que traen consigo la afirmación de lo peor, de lo más bajo.
Según Nietzsche, el hombre europeo se apartó de los valores ascendentes e inició la cuesta abajo, al imperar la moral cristiano-burguesa, radicalización máxima de lo que para él es una moral descendente, decadente. Este descendente lo inició Sócrates al desvalorizar los instintos y los sentidos y afirmar la primacía de la razón, a la que igualó con la virtud.