Estos conceptos derivan de los dioses griegos Apolo (dios griego del Sol, símbolo de la mesura, la armonía y la serenidad) y Dionisio (Dios del vino, .símbolo de la pasión y la sensualidad, del ansia de vivir y de la creación artística), a los que Nietzsche contrapone como facetas distintas del espíritu humano. Con el concepto de «apolíneo» Nietzsche hace referencia al componente armónico, luminoso y sereno del espíritu griego, en oposición con el componente pasional y entusiasta, doloroso y oscuro representado por la figura de Dionisio. Dionisio es el dios de la embriaguez y del entusiasmo, del desenfreno pasional. Apolo representa al orden; Dionisio, a lo que desborda al orden.
Así pues, con los conceptos de apolíneo y dionisiaco Nietzsche está designando dos aspectos contradictorios del alma humana: el espíritu dionisiaco se abandona pasionalmente a sus arrebatos e impulsos; el espíritu apolíneo los canaliza dentro del pensamiento ordenado, equilibrado y armonioso. El espíritu dionisiaco, en suma, impulsa a gozar de la vida, de la sensualidad, del placer carnal. Quien vive dionisíacamente vive apasionadamente la vida, como un juego o una aventura festiva en la que hay que poner los cinco sentidos para vivirla plenamente. El espíritu apolíneo, por contra, lleva a una vida racional y ordenada, armónica y equilibrada.
En relación con este concepto, véase más atrás el apartado «El ideal del hombre dionisiaco».