Crítica a la crisis de la cultura occidental.
Nietzsche dio gran importancia a la vida como realidad primera y fundamental. Defendió la dimensión irracional del hombre y realizó una de las críticas más radicales que se hayan hecho en occidente contra la cultura establecida, en todas sus modalidades: filosofía, religión, ciencia, moral, arte, etc. Se trata de un pensador extremadamente agudo y crítico. Para él el espíritu racionalista ha traído la decadencia de Occidente.
En el XIX destacan los efectos de la revolución industrial, el desarrollo de movimientos revolucionarios obreros, herederos de las corrientes liberalizadoras de la revolución francesa, y las revoluciones de 1830 y 1848, extendiéndose las ideas de igualdad entre los hombres y luchándose contra el orden clasista existente. Los ideales del sistema democrático liberal se extienden por todo el mundo (una constitución para cada país, separación de poderes, libertad de prensa, etc). Para Nietzsche estos ideales son la última y más repugnante consecuencia de la decadencia de los valores de Occidente, son hijos de la moral burguesa dominante, la cual está siendo puesta en entredicho por los afanes de igualdad que agitan a los obreros de todas las naciones.
Nietzsche propone una moral individualista y aristocrática. En oposición a las ideas de la época de crear un sistema de convivencia válido para todos, él aboga por unos valores totalmente individualistas, ajenos a las clases sociales. Plantea un aristocraticismo, pero basado no en la sangre o la ascendencia, en la pertenencia a este o aquel grupo, nación o clase, sino en la profundidad y la fuerza de carácter, en la superioridad del intelecto y la voluntad. Para Nietzsche existen diferentes tipos de hombre, pero sólo algunos son superiores y mejores que el resto.