Al comenzar la tercera década del siglo XX el mundo sigue condicionado por las consecuencias de Primera Guerra Mundial. La república alemana de Weimar, se muestra impotente ante las condiciones que había establecido el tratado de Versalles. En 1919 tiene que hacer frente a las revueltas proletarias dirigidas por la Liga Espartaquista y al proceso inflacionista, que llega a su cenit en 1923. La Francia de Clemenceau, máximo exponente de la política de dureza con los alemanes, se enfrenta a importantes protestas populares en plena reestructuración de su economía. El incumplimiento por parte de Alemania de los pagos previstos determina la ocupación de la zona del Rhur por el ejército francés, lo que aumenta la tensión entre los dos países. El Reino Unido conoce el primer gobierno laborista-moderado de su historia en 1924. El rey Víctor Manuel de Italia, tras la amenazante marcha sobre Roma” confía el gobierno a Mussolini en 1922. Tras el agitado periodo, a partir de 1924 se abre una etapa de distensión caracterizada por la bonanza económica (“felices años veinte”), el Plan Dawes y el Tratado de Locarno.
CARACTERÍSTICAS
Después de los años del pistolerismo , el problema de Marruecos desató una gran crisis política, que, a la larga llevó a los militares a optar por métodos más drásticos, como el definitivo golpe de estado de Primo de Rivera. El golpe de estado se justificó con el argumento de que el régimen constitucional estaba bloqueado y había peligro de revolución social. El dictador se presentaba como un líder regeneracionista, nacionalista y populista.
Los años veinte no fueron felices para los españoles. Cuando comenzó la década ya habían pasado los tiempos de bonanza económica para nuestro país; acabada la Primera Guerra Mundial los europeos comenzaron su reconstrucción industrial: ya no nos necesitaban. Además, la aventura colonial de Marruecos, estaba ridiculizando al ejercito, como se vio en 1921 en Annual y, para colmo, el sistema político de la Restauración estaba claramente agotado y sus instituciones caducas, mientras se generalizaban las críticas. La causa inmediata del pronunciamiento hay que buscarla en la falta de iniciativa política para solucionar los problemas del país y poner fin a la inestabilidad creada por:
Ante esta situación, Primo de Rivera se pronuncia con sus tropas tras consultar a varios capitanes generales, que se muestran escépticos ante la viabilidad del golpe. El 13 de septiembre de 1923 Miguel Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, mandó ocupar los servicios telefónicos de Barcelona y leyó un comunicado ante los periodistas dando un golpe de Estado que ofrecía como salida para la aguda crisis nacional una monarquía sin democracia, siguiendo la estela fascista de Benito Mussolini, que había llegado al poder el año anterior. Sin embargo se trata de dos figuras muy diferentes: Primo de Rivera no encabezaba ningún partido, carecía de carisma popular y su régimen no tenia ideología alguna.
Dos días después, Alfonso XIII, que estaba de vacaciones en San Sebastián regresó a Madrid. El gobierno le propuso destituir a los sublevados a lo que el rey respondido pidiendo tiempo para pensarlo. Finalmente mandó formar gobierno a Primo de Rivera, que decidido convertirse en dictador militar único (equivalente a presidente de gobierno y ministro universal) Aunque contrahacía con la asistencia de un directorio militar.
La dictadura fue una solución autoritaria a una situación insostenible cuyas causas eran la crisis del sistema político muy minado por la crisis de 1917 y el fracaso en Marruecos. Sus objetivos venían definidos por el lema “menos gobierno y mas administración “ En cuanto a la actuación gubernamental, fue resultado mas de la improvisación que de la puesta en practica de un verdadero programa político.
Se trató de un pronunciamiento no combatido por el gobierno, aceptado por el rey y bien visto por gran parte de la población. La clase política apenas reacciona y parte de ella se ve entusiasmada por la llegada del cirujano de hierro anunciado por Joaquín Costa. El PSOE y la UGT no organizan ninguna respuesta popular, su acción se limita a denunciar al movimiento y la CNY se mostraba incapaz de oponer resistencia desgastada por los incidentes de Barcelona. Sin embargo, la evidencia de su fracaso nos la ofrece la historia: en las primeras elecciones celebradas tras su dimisión el pueblo optó por la república. Si la dictadura duro mas de seis años fue en gran medida por sus éxitos iniciales, principalmente el restablecimiento del orden publico y la resolución del problema de Marruecos, sin despreciar la favorable coyuntura económica internacional, de la que España se beneficio.
-Es un régimen profundamente nacionalista, conservador y económicamente capitalista que no rompe con el pasado, sólo intenta solucionar a sus problemas más agudos. El nacionalismo de Estado pronto entró en contacto con los nacionalismos periféricos, pero los apoyos sólo fueron iniciales. El régimen, además, adoptó una política restrictiva en el empleo de las lenguas propias y el uso de símbolos de identidad, lo que provocó una progresiva separación con los nacionalismos y explica la adhesión de estos al republicanismo.
-Desde ese punto de vista, enlaza con el movimiento regeneracionista de modo que el Dictador sería ese “cirujano de hierro” del que hablaba Joaquín Costa.
-Se ofrecía como un simple paréntesis necesario para “curar” a una nación enferma, que se volvería a poner en pie el sistema constitucional.
El primer documento dado a la opinión pública por el dictador es el manifiesto del 13 de septiembre, en el que se hace un examen de las causas que motivan el golpe, y se enuncia, vagamente, un programa de gobierno basado en la formación de un directorio militar, la solución al problema de Marruecos y el castigo para los corruptos.
En los primeros contactos de Primo de Rivera con la prensa se esbozan algunos rasgos de su pensamiento. En ellos aparecen ciertos aires regeneracionistas, como la apertura en los ministerios de oficinas de reclamación, un régimen nuevos alejado del turnismo. Su relación con el pueblo es paternalista: aplica la intuición para conocer “el sentir profundo de la gente” y apela al patriotismo de la masa neutra frente a la corrupción de la vieja clase política. Sus relaciones con la iglesia, a pesar de su hondo catolicismo, no son satisfactorias, pues recibe la crítica de apoyar al sindicato socialista en detrimento de los sindicatos de orientación católica.
Se ha discutido largamente el papel del rey Alfonso XIII en el golpe militar, hay quien piensa que fue el inspirador del pronunciamiento y quien opina que sólo supo beneficiarse de una situación. En cualquier caso, el Dictador sometió su Directorio al rey por lo que, con su complacencia, unió su suerte a la de éste. Aunque no se conocen pruebas de una implicación directa del monarca, sorprende al menos su pasividad inicial y su escaso apoyo al gobierno legitimo.
El apoyo fundamental de Primo de Rivera vino, evidentemente, del ejército que protagonizó el golpe de Estado y dirigió el país durante el Directorio Militar. Este apoyo fue más entusiasta entre los militares africanistas, sobre todo tras la pacificación de la colonia, y más frío entre los peninsulares, especialmente en Artillería, y hubo intentos de golpe militar contra el régimen militarista de Primo de Rivera.
La burguesía acogió con alivio al Dictador, que venía a poner fin a una situación que algunos veían como revolucionaria. La patronal catalana se mostró especialmente favorable a Primo de Rivera, que era Capitán General de Cataluña, pero sólo hasta darse cuenta de que los intereses nacionalistas de Cataluña no eran atendidos por la política llevada a cabo por el nuevo gobierno, de marcado carácter centralista español. En principio el empresariado catalán aspiraba a acabar con el peligro anarquista y restaurar el orden publico en Barcelona. También fue importante la pasividad de socialistas y anarquistas, indiferentes ante la caída del viejo régimen
La Iglesia Católica también fue un firme apoyo para la dictadura de Primo de Rivera. Más dudoso fue el papel jugado por el PSOE y la UGT que, si bien no sostuvieron activamente al régimen dictatorial, tampoco se enfrentaron abiertamente con él, contando con el beneplácito oficial para seguir desarrollando sus actividades, hasta el punto de que Largo Caballero fue aupado hasta el Consejo de Estado.
La oposición a la dictadura vino principalmente del movimiento obrero más radical, es decir, la CNT y el Partido Comunista de España. Conocedor de la fuerza de la CNT, una de las primeras medidas del nuevo Directorio militar fue colocar fuera de la ley al sindicato, que ya había convocado una huelga general contra el golpe de Estado. Los anarquistas se lanzaron a una oposición frontal a la Dictadura, incluso con las armas en la mano. Todo eso trajo como consecuencia la fundación de una organización específicamente anarquista y clandestina, para coordinar a los libertarios españoles; por eso nació en 1927, la Federación Anarquista Ibérica. La oposición del PCE, fue de menor intensidad, dado que este partido era de reciente fundación, y su militancia era aún muy escasa.
El segundo frente al que tuvo que enfrentarse la dictadura de Primo de Rivera fue el de los intelectuales, que aprovechándose de la censura del dictador le criticaron más o menos abiertamente desde las cátedras y centros culturales. En esta labor destacaron Vicente Blasco Ibañez y Miguel de Unamuno, desde su exilio de París, y Ramón María del Valle Inclán desde el interior del país. La agitación intelectual contra el régimen sublevó a los estudiantes universitarios, que se agruparon en la FUE (Federación Universitaria Española).
Además, Primo de Rivera se enfrentó con Artillería por un viejo conflicto de los ascensos, y estos militares, al no tener una respuesta satisfactoria por parte del dictador, acudieron al rey, que también los defraudó, por lo que apoyaron posiciones republicanas.
La Dictadura del general Miguel Primo de Rivera comenzó el 13 de septiembre de 1923 y concluyó el 30 de enero de 1930, cuando el rey Alfonso XIII aceptó, inesperadamente, la renuncia del Dictador, que falleció en París dos meses después. Podemos diferenciar dos etapas, cuyo nombre se debe a la procedencia de sus miembros:
-El Directorio Militar (1923-1925)
Las primeras medidas se dirigen a establecer un nuevo sistema de poder que permita la adopción de fuerzas políticas para la regeneración del país. Con este objetivo crea un Directorio Militar formado por ocho generales y un contraalmirante que se constituye como órgano asesor de Primo de Rivera, considerado único ministro. La critica situación del país, sobre todo en Cataluña justificó la implantación del estado de guerra durante caso dos años y se inició una dura política de represión.
El directorio era un órgano asesor, ya que Primo concentraba toda la capacidad ejecutiva y la relación con el monarca. Sus primeras medidas mostraron su carácter dictatorial. Los dos aspectos fundamentales de este periodo fueron:
La primera preocupación del nuevo régimen fue el Orden Público: se suspendieron las garantías constitucionales, se ilegalizaron algunos partidos y sindicatos, se sustituyeron los Gobernadores Civiles por militares y se reprimió cualquier manifestación contraria al nuevo gobierno, censura el Ateneo y destierra a Miguel de Unamuno, muy crítico con la dictadura y prohíbe todas las manifestaciones del Primero de Mayo. Sin embargo, hay que reconocer que el golpe de Estado no se tradujo en un baño de sangre, como en julio de 1936. La tranquilidad volvió a las calles, sobre todo en Cataluña y en las grandes ciudades, pero el ejercicio de las libertades ciudadanas quedó muy disminuido.
La medida mas contundente fue la persecución de los anarquistas, cuyos locales y órganos de prensa fueron clausurados tras el asesinato en un atentado del verdugo de Barcelona. Los aires regenacionistas con los que la dictadura había empezado su gobierno, le proporcionaron ciertos apoyos del nacionalismo catalán, pero la política patriótica centrista, hizo que se entrara e colisión con las aspiraciones nacionalistas.
El problema de Marruecos
El aspecto mas positivo de la acción política del régimen de Primo de Rivera fue su solución al problema de Marruecos. Bloqueado el expediente Picasso, que implicaba al rey Alfonso XIII en el desastre de Annual, el general Primo de Rivera se planteó la posibilidad de abandonar la Colonia africana, pero la presión de los militares africanistas y de Francia, que había visto llegar la guerra a su territorio, decidieron al dictador a acabar con el problema. El directorio militar acepta los resultados de la investigación acerca de los sucesos de annual, por los que el general Berenguer es condenado y separado del ejército, pero las nuevas autoridades le conceden la amnistía. Además de la impopularidad del conflicto el ejército se encontraba dividido entre africanistas: partidarios de seguir la guerra, y abandonistas, entre los que se encontraba el mismo Primo. Pero el final de la guerra se debió finalmente al dirigente rifeño (Abd el Krim), que cometido el error de atacar a los franceses.
En Septiembre de 1925, el ejercito español desembarcó con éxito en la bahía de Alhucemas, y desde allí en una victoriosa campaña, ocupó toda su demarcación; el líder rebelde fue deportado, y el territorio quedó pacificado en apenas dos años. Se trató del mayor éxito del dictador que satisfizo la demanda generalizada de acabar la guerra y elevó al mismo tiempo el prestigio de los militares africanistas.
El estatuto municipal y provincial. José Calvo Sotelo, desde la Dirección General de la Administración, crea el Estatuto Provincial y municipal, en el que se establece una ampliación de las competencias de los ayuntamientos y las diputaciones para la gestión de los servicios a la población. El estatuto permite una aumento del gasto público, pero no trae consigo la regeneración y neutralización de los caciques, al ser elegidos los alcaldes por el gobierno.
Como consecuencia de la rivalidad entre las burguesías de las distintas islas mayores, se modifica el mapa provincial en 1927, criándose la provincia de las Palmas que agrupa a las islas orientales.
–El Directorio Civil (1925-1930) que buscaba la institucionalización política del régimen. Una vez resueltos los dos grandes problemas que podían justificar la situación excepcional, Primo tuvo la oportunidad de retirarse y permitir la vuelta de un régimen constitucional. El nuevo equipo de gobierno constituido por Primo de Rivera es una vonjunción de antiguos mauristas y de miembros de la Unión Patriótica, en su seno destacó la figura de José Calvo Sotelo que intentó modificar el sistema fiscal.
La renovación del equipo de gobierno demostraron la intención del dictador de perpetuarse en el poder. Para ello necesitaba transformar la dictadura en un régimen a su medida cuyas bases se fueron estableciendo de forma escalonada:
Un partido propio: la Unión Patriótica, que pretendía “unir y organizar a todos los españoles de buena voluntad” en torno a un sencillo lema: “religión, patria y monarquía”. Tiene su origen en los círculos agrarios que se movilizan en abril de 1924, tras una llamada del dictados para la constitución de comités como plataformas de apoyo al nuevo régimen. A pesar de nacer con la vocación de ser un partido de masas, de su carácter interclasista y de su ideología moderada, la Unión Patriótica no consiguió convertirse en un instrumento político eficaz, y desapareció tras la marcha del dictador.
Una Asamblea nacional consultiva, en sustitución de las viejas cortes , desde 1927. La Asamblea Nacional Consultiva o corporativa (1927), que no pasó de ser una triste parodia del Parlamento democrático, era una cámara corporativa. Componen la asamblea miembros por derecho propio (capitanes generales y obispos) y representantes de las distintas corporaciones españolas, en los que predominan afiliados de la UP y miembros de la antigua clase política. Su principal obra fue la creación de una constitución que, por la creciente oposición, no fue promulgada. El proyecto es rechazado al no encontrar con el apoyo de la corona, ya que elimina la prerrogativa del monarca de sanción de los ministros. La oposición tampoco la admite, al considerar que en la misma se conceden excesivos poderes al rey. Fiel a un cierto espíritu regeneracionista, heredero indirecto de las ideas de Joaquín Costa, acabó con los males de la vieja política, pero no fue capaz de crear nuevas instituciones políticas sólidas.
Un proyecto de nueva constitución presentado en 1929.
Sin embargo estos intentos de erigir un nuevo régimen no tuvieron apenas ninguna apoyo político. Por otro lado la dictadura debió soportar desde sus inicios numerosas criticas, manifestaciones, etc: las descalificaciones de Unamuno, la huelga de universitarios de 1929, los pronunciamientos militares de inspiración republicana de 1924 y 1929, etc.
Otra de las novedades del régimen fue la renovación de las clases dirigentes, tuvieron bastante importancia los militares, los miembros de la burocracia administrativa, y sectores mesocráticos, agrarios o industriales, que no habían tenido cabida en el sistema de turno. Cada vez mas aislado políticamente, el dictador decidido hacer una consulta a los capitanes generales para saber si contaba con su apoyo. La respuesta le mostraron que estaba solo y dos días después presentó su dimisión.
El fracaso que para la institucionalización del régimen supuso el rechazo de la constitución acelera la descomposición de la dictadura, que desde 1928 sufre el acoso de varios movimientos, que suponen un desgaste para el dictador que tienen como consecuencia final su dimisión y exilio voluntario.
El movimiento estudiantil. El mundo intelectual y los estudiantes. Cuando en 1929 el estado pretendió favorecer a universidades privadas, y cerró las universidades de Madrid y Barcelona, la Federación Universitaria Escolar (FUE) organizó la protesta. El conflicto se reabre con la detención de un líder estudiantil, con lo que tras las movilizaciones las protestas se extienden y se radicalizan con la quema de efigies del monarca y del dictador. Como respuesta el gobierno cierra la universidad central, ante lo que algunos profesores (Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos, etc) dimiten. Finalmente el gobierno desistió en la reforma.
Malestar en el ejército. En 1926 se produce una modificación en los criterios de ascenso en Artillería, lo que origina un conflicto con Primo de Rivera. Ante la presión , el gobierno suspende a todos los oficiales. El rey no interviene, pese a las presiones de los jefes militares, lo que favorece la tendencia republicana de este estamento.
El pronunciamiento republicano. Un antiguo monárquico, José Sánchez Guerra, es el dirigente de un pronunciamiento el 29 de enero de 1929, en el que intervienen todos los grupos que en 1926 habían formado la Alianza Republicana. El movimiento fracasa por la indecisión de algunos jefes, quedando aislada la guarnición insurgente de Ciudad Real, que fue inmediatamente reprimida.
Crisis de la peseta. El déficit comercial y la especulación motivan su devaluación con respecto a la libra. Estos factores quebrantan la imagen del régimen, que apenas cuenta con apoyo político en derechas ni izquierdas, pues el PSOE y la UGT están a favor del establecimiento de un régimen republicano desde 1929
En enero de 1930 el dictador presenta al rey su dimisión, que la aceptó de inmediato, por razones tanto políticas como económicas. La crisis interna de la dictadura derivaba de su incapacidad para lograr una salida constitucional al régimen de excepción, por sus contradicciones internas de su política corporativista y la falta de apoyos sociales.
El rey, tras aceptar la dimisión del general Primo de Rivera, se encontraba en una delicada situación, ya que su apoyo a la dictadura no le había propiciado demasiados amigos. Nombró presidente del Consejo de Ministros a otro militar, el general Dámaso Berenguer, antiguo alto comisario de Marruecos, que inició lo que se denominaba irónicamente dictablanda. y después a otro militar, Aznar. El objetivo era volver a la situación anterior al golpe de Estado de 1923, rescatar la Constitución de 1876 y el Régimen de la Restauración, retornando a la legalidad y convocar elecciones generales, como si la Dictadura hubiera sido realmente un paréntesis.
Sin embargo había sucedido todo lo contrario. Los problemas que habían provocado la crisis de los primeros años veinte y que habían traído la Dictadura, no se habían solucionado, a excepción del asunto de Marruecos, y diez años después se habían agravado por el paso del tiempo. Además, la monarquía había quemado sus últimos cartuchos, enemistándose con la vieja clase política sin haber resuelto la crisis con los militares.
Amplios sectores de la burguesía, desencantados tanto de la vieja monarquía constitucional como de la Dictadura, consideraban que la única esperanza para el país era la República. Coincidían así con los movimientos políticos y sociales que ya se habían enfrentado con el rey a la llegada de la Dictadura (movimiento obrero, intelectuales y parte del ejército). El fracaso de Primo de Rivera, y la consiguiente agitación social, radicalizaron las posturas, hasta entonces moderadas, de socialistas y republicanos.
En agosto de 1930, todos estos grupos de oposición antimonárquica, a los que se habían unido nuevos partidos republicanos, firmaron el llamado Pacto de San Sebastián, del que salió un Comité Revolucionario encargado de derribar al régimen para traer la República; incluso llegó a constituirse un Gobierno republicano en la sombra que se reunía abiertamente en el Ateneo de Madrid. A esta agitación política se le unió una gravísima crisis económica, consecuencia de la quiebra de la Bolsa de Nueva York en el otoño de 1929.
Durante esta etapa se produce un hundimiento de la popularidad del monarca y se realiza la reconversión e la Unión Patriótica en un bloque monárquico dirigido por Calvo Sotelo y bautizado como Unión Monárquica Nacional, pero que no lograr su objetivo, ya que se alejan de él antiguos monárquicos y católicos, que establecen contactos con grupos republicanos.
A pesar del clima antimonárquico reinante el general Berenguer siguió adelante con su proyecto de convocar elecciones generales, que supusiesen la vuelta al régimen constitucional. Sin embargo la oposición de los grupos firmantes del Pacto de San Sebastián, que se negaron a presentar candidaturas, impidió la celebración de los comicios y forzó la dimisión del general Berenguer, aceptada por el rey, que fue sustituido por otro militar: el almirante Aznar.
Manuel Aznar aceptó por fidelidad monárquica el encargo de formar un nuevo gobierno y finalmente sacó adelante un gabinete formado por viejos políticos unidos por su extrema fidelidad al monarca. Decidieron convocar elecciones municipales, dejando las legislativas para mas adelante, pensando que plantearían menor rechazo y que no podrían traer consigo la caída del rey, pero no fue así. El 12 de abril de 1931 el éxito republicano en las elecciones desbordó las expectativas del gobierno y el 14 de abril se proclamaba la II República Española.
El pacto de San Sebastián supone la conjunción de esfuerzos entre grupos que abarcan un amplio espectro político: el conservadurismo republicano de Alcalá Zamora, el regionalismo gallego, el catalanismo republicano, el centro-izquierda de Manuel Azaña, el radicalismo de Alejandro Lerroux y el federalismo. Asisten a título personal, algunos dirigentes del PSOE. En el acuerdo se establece la estrategia seguir ante el advenimiento de la república, consistente en la insurrección del ejército, la rebelión de Cataluña y la movilización obrera. A partir de entonces tiene lugar una campaña a favor del régimen republicano en la que intervienen intelectuales como Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala y que alcanzan su máxima expresión en el mitin conjunto de los republicanos celebrado en Madrid en septiembre de 1930.
Los contactos con UGT y CNT dan como resultado su incorporación a la conspiración de octubre de 1930. En este mes , el comité pasa a denominarse Gobierno Provisional de la República. El comité establece el 15 de diciembre como fecha de la insurrección, pero los capitanes Galán y García Hernández se adelantan a la fecha prevista e inician el levantamiento en Jaca el 12 de diciembre. Proclaman la república y se dirigen a Huesca, pero las condiciones climáticas adversas, la ausencia de otros insurrectos y la falta de munición determinan la rendición de los dos capitanes, que son juzgados y fusilados.
Mientras tanto, en Madrid, el general Mola, ordena la detención del gobierno provisional y de miembros destacados del republicanismo y del socialismo. El movimiento previsto para el día 15 se convierte en un fracaso al no movilizarse las organizaciones obreras, y no entrar en la acción los militares comprometidos
El primer tercio del siglo XX fue una etapa de crecimiento económico en España, dentro del marco de una política proteccionista. El poder político se vio presionado por os industriales del algodón catalanes, siderúrgicos vascos y cerealistas castellanos para que evitaran las importaciones y reservaran el mercado nacional a productos españoles, y lo consiguieron con la imposición de sucesivos aranceles, lo que convirtió a la economía española en una de las más cerradas y protegidas de Europa. La agricultura creció, pero todavía estaba bajo la media europea y la industria avanzó, pero el proteccionismo frenó el crecimiento de otros sectores rentables en el exterior.
Fue muy importante la incidencia de la primera guerra mundial, que produjo una fase alcista por las demandas de países europeos. Pero tuvo efectos negativos: el exceso de exportaciones provocó la escasez de algunos productos de primera necesidad, lo que trajo consigo la inflación. Además con el fin de la guerra comenzó a cesar la demanda del exterior y comenzó la crisis. También se ha criticado que el empresariado no supiera aprovechar la coyuntura invirtiendo los beneficios en modernizar o crear nuevas industrias.
El régimen de Primo de Rivera dio un fuerte impulso a las Obras Públicas, siguiendo las ideas de Joaquín Costa. Durante su etapa se construyeron importantes obras hidráulicas, gestionadas por las recién creadas Confederaciones Hidrográficas, destinadas al regadío y a la producción de electricidad, lo que alivió significativamente el paro obrero. También se mejoró de forma apreciable la red de carreteras (plan de Firmes) y de ferrocarriles, creando concesiones que gestionaban el tráfico ferroviario.
Durante este periodo también se produce una concentración bancaria que provoca la desaparición de la banca catalana y favorece una élite formada por los bancos Central, Hispano Americano, Español de crédito, Bilbao, Vizcaya y Urquijo.
Desarrolló una política monopolística dentro del proteccionismo concediendo a ciertas empresas la explotación exclusiva de algunos bienes y servicios, como el petróleo (CAMPSA, formada por un consorcio de bancos españoles, lo que provocó un enfrentamiento entre el dictador y la norteamericana Shell, anterior suministradora y distribuidora de petróleo), los teléfonos ( Compañía Telefónica Nacional de España –CTNE- que en la práctica queda en manos de la americana ITT), etc. Pero se criticó que estos monopolios fueron concedidos a empresas vinculadas a la oligarquía financiera y a los amigos del Dictador. Otro mecanismo de intervención lo constituye la otorgación de subvenciones a compañías navieras, como la Transmediterránea de Juan March y a compañías mineras del norte del país.
De la mano de José Calvo Sotelo, su ministro de Hacienda, se llevó a cabo una importante reforma tributaria, aumentando los ingresos del Estado, modernizando el impuesto sobre la renta, emitiendo deuda pública, etc.
La política laboral estuvo inspirada por un evidente paternalismo, tendente a implantar un corporativismo calcado del de la Italia fascista; así se establecieron los Comités Paritarios, que dependían de una Organización Corporativa Nacional en los que trabajadores y empresarios intentaban solucionar los conflictos laborales. Como resultado se dieron claras mejoras sociales relacionadas con la ampliación de la protección de los trabajadores a través de los seguros sociales. Las relaciones laborales debían basarse en un modelo según el cual los sectores productivos debían organizarse en una corporación que integrase a patronos y obreros, con el estado como garante para evitar la conflictividad obrera.
La UGT participa en estos comités siguiendo la orientación de Largo Caballero, que pretende crear una organización fuerte que asegure la y transformación paulatina de la sociedad. Con ello, el sindicalismo socialista acepta de hecho algunos principios del sindicalismo católico. Esta situación provoca una honda división en el socialismo español entre la rama sindical mayoritaria, y la rama política minoritaria. El resultado es cierta paz social, pero el partido apenas crece.
La dictadura también promovió una extensa legislación social, mucha recogida en el Código del Trabajo. Una faceta fundamental del éxito de la política social fue la colaboración entre la UGT y el régimen, que monopolizó la representación obrera en los comités paritarios y participó en diversos órganos del régimen.