La expansión agraria se hallaba casi bloqueada por el debilitamiento de las economías campesinas debido principalmente a la escalada de la renta de los labrantíos, a la estrechez de los mercados de la tierra y a las fuertes restricciones impuestas por el frente antirroturador a la extensión de los cultivos en terrenos concejiles. Debido al estancamiento agrario, las manufacturas y los servicios tenían un margen bastante estrecho para seguir progresando por el elevado peso del sector primario en el PIB, además de que algunas zonas dependían completa o casi completamente del exterior para el suministro de alimentos básicos y para laadquisición de sus productos industriales y de sus servicios; es decir, el agro condicionaba fuertemente la trayectoria del resto de sectores de la economía española.
También se produce una caída de la renta de la tierra fruto del empeoramiento de la situación de numerosos productos agrarios y, en algunos casos, de la resistencia de los arrendatarios y colonos a pagarla.
Uno de los problemas derivados de esta economía agraria debilitada fue la mayor frecuencia relativa de malas cosechas que provocó, sobre todo en el interior, la repetición, cada pocos años crisis de subsistencia, agudas escaseces de alimentos y fuertes elevaciones de los precios de los cereales.