Entre 1793-1808, España estuco casi permanentemente en guerra con Francia (1793-1795) o con Inglaterra (1796-1802, 1804-1808). Estos conflictos contribuyeron al deterioro económico y provocaron un fuerte desequilibrio de las finanzas de la monarquía.
La monarquía financió esos gastos extraordinarios mediante el incremento de las remesas de las Indias, con donativos y préstamos, con parte del producto de la desamortización de 1798, con pagarés, con préstamos obtenidos en el exterior y con la emisión de vales reales. Vales reales que perdieron casi la mitad de su valor nominal, por lo que el gobierno intentó, sin éxito, reducir su cantidad en circulación.
Los ingresos obtenidos por la Nueva España alcanzaron niveles desconocidos hasta entonces, las remesas de éstas tuvieron una gran importancia, entre 1788 y 1810, Nueva España aportó alrededor del 75% del total de las remesas remitidas a la metrópoli. La defensa del monopolio mercantil en las Indias tendió a ser un asunto cada vez más prioritario para el Estado español. Mantener las colonias resultaba vital para la monarquía absoluta, pero España tenía menos capacidad que otras potencias europeas para soportar un fuerte incremento de los gastos defensivos.
Prácticamente agotada la capacidad para colocar deuda en el interior, el gobierno recurrió a la captación de recursos de distintas instituciones públicas y privadas (pósitos, propios de los concejos, Iglesia, agrupaciones de comerciantes) y a la búsqueda de dinero en el exterior.
En 1815 los ingresos y los gastos ordinarios de la monarquía ascendieron a 350 y a 850 millones de reales respectivamente. Hasta entonces, como hemos dicho, un elevado porcentaje de las rentas de la Hacienda se había basado en la soberanía que España ejercía sobre extensas áreas del continente americano, el agravamiento de la crisis colonial a raíz del conflicto con los franceses se tradujo en la práctica desaparición, desde 1814, de las rentas de las Indias y en un acusado descenso de las rentas de aduanas.
A lo largo de todo el siglo XIX, los ingresos ordinarios fueron insuficientes para cubrir los gastos ordinarios del Estado, manteniendo un déficit crónico y creciente. Los gastos públicos continuaron al alza, y las partidas que más supusieron fueron los gastos en defensa y gastos financieros, es decir, los gastos en los que incurría para pagar los intereses de los prestamos y la deuda publica.