A diferencia de la industrialización británica, en España no se introdujo el procedimiento de alto horno para la producción comercial de hierro hasta la década de 1830. Hasta entonces se producía en pequeñas herrerías y forjas distribuidas por todo el territorio aunque con notable concentración en el País Vasco debido a la disponibilidad de mineral de hierro y de una tradición secular. En los siguientes años, surgen fábricas en Sevilla y en la propia Málaga aprovechando, en parte, las dificultades que la primera guerra carlista impuso a los productores vascos, llegando a una hegemonía andaluza hacia 1840 aportando el 85 por 100 de la producción total de 1844. En poco tiempo, las fábricas andaluzas quedaron obsoletas y en la década de 1860 tuvieron que ser abandonadas.
En el siglo XIX, el paso de una producción artesanal a industrial, el liderazgo no lo tendrá el país vasco sino Andalucía. Fundamentalmente a factores de: dotación de recursos minerales ferrosos y de recursos energéticos como carbón vegetal necesario para la fundir con el hierro, porque al unirlo con el mineral hierro desprende muy pocos residuos, ideal para la fundición; que por otro lado, el coste de la leña era ascendente a la larga.
El despegue de la siderurgia vizcaína sería cosa de la década de 1880, cuando las exportaciones por mar de mineral de hierro facilitaron la llegada de retornos de carbón inglés a bajo precio.
La ventaja de estas instalaciones se basaba en la cercanía al mineral de hierro y en el adelanto en la adopción de los nuevos procedimientos productivos. Sin embargo, su dependencia del carbón vegetal representaba una debilidad muy significativa.
Otro elemento, es la iniciativa empresarial, principalmente proveniente de la producción agraria, vitivinícola o del aceite, consiguen el dinero necesario para instalar la industria como Manuel Heredia que instalará los primeros altos hornos de España. Las guerras carlistas, con un campo de batalla localizado, País Vasco – Cataluña, cuando empieza a desarrollarse la empresa siderurgia, el País Vasco se encuentra en guerra, permitiendo el desarrollo y primacía de la industria siderúrgica en Andalucía.
Este desarrollo termina frustrándose, a la altura de 1860 empieza a perder peso con respeto al territorio, debido, a los altos costes de la leña y recursos minerales con lo que tuvieron que optar por la importación y los costes altos de carbón británico. Además de la competencia con el País Vasco una vez este comienza a producir y con la existencia de una demanda insuficiente. Uno de los mayores sectores que podía demandar hierro era el sector del ferrocarril pero no lo hizo.
Respecto a la competencia interna con Asturias y País Vasco (mirad cuadro mas abajo), siendo el factor determinante el combustible, duplicando el coste de tonelada de hierro con respecto a Asturias, Asturias tenía carbón y la posibilidad de acceso a coque, disminuyendo los costes. En la década de 1860, el carbón vegetal resultaba más caro que el británico en todos los puertos del Atlántico sur y del Mediterráneo. Sólo unos elevados derechos a la importación imponían un cierto equilibrio.
En 1882, después de un fuerte descenso de los fletes y de una cierta reducción de la protección arancelaria, la hulla inglesa resultaba más barata que la asturiana en casi todos los puertos de España. El carbón nacional sólo podía consumirse en lugares del interior cercanos a las minas o en instalaciones establecidas a pie de las mismas. Su uso principal fue, en consecuencia, la fusión de hierro y otros metales.
En conjunto, el desarrollo de la siderurgia española fue relativamente modesto en comparación con otros países. Se ha atribuido este modesto desarrollo al ferrocarril, realizado con retraso, pero con notable intensidad y fuerte contribución de capitales foráneos, su aportación al crecimiento fue menor de la esperada, en parte, porque no encontró suficiente demanda para sus servicios y, en parte, porque se construyó con materiales extranjeros.