La guerra civil no originó daños significativos en las instalaciones industriales del país. La evolución global de la industria encubre importantes diferencias por sectores. Las preferencias del régimen por la industria pesada, base de la industria militar, hizo que el crecimiento de la producción de bienes intermedios y de inversión fuese muy superior al crecimiento de la producción de bienes de consumo.
La industria ligera sufrió el abandono y el desinterés del gobierno. A pesar del hambre, la industria alimentaria quedó privada de apoyo oficial, y no recuperó los niveles de producción de 1935 hasta los años sesenta, en claro contraste con Alemania, Italia, Reino Unido, Portugal, Francia y Holanda.
La política industrial aspiraba a incrementar la producción sobre la base de los recursos propios, que Franco consideraba ilimitados despreciando los criterios económicos de especialización, costes, ventajas comparativas y competitividad exterior. Los principios de la política industrial del franquismo quedaron reflejados en la promulgación de tres leyes básicas. La de protección de nuevas industrias de interés nacional, la de ordenación y defensa de la industria y la de creación del Instituto Nacional de Industria (INI) en 1941.
La primera ley introducía la figura de las empresas de interés nacional, cuya declaración implicaba la obtención de privilegios económicos, y la segunda limitaba seriamente las inversiones extranjeras en España.
El rechazo de la inversión extranjera, de inspiración ultranacionalista, resultaba un planteamiento muy poco inteligente en un país necesitado de capitales y atrasado tecnológicamente.
Todo ello implicó un marcado descenso de la competencia interior y la aparición de un mercado político en el que los empresarios intentaban comprar tratos de favor de los organismos interventores.
El INI nació como un instrumento para la intervención directa del Estado en la economía, el Instituto tenía claras influencias del fascismo italiano. El INI se configuró como un holding de empresas de capital público, dependiente directamente de la presidencia del gobierno.
Éste tuvo un papel fundamental en la evolución industrial de España. Inicialmente tenía objetivos ambiciosos, pero en la práctica terminó centrándose en la producción de energía, bienes intermedios y material de transporte; una de las empresas fue la Empresa Nacional Calvo Sotelo (ENCASO) encargada de producir combustibles líquidos y lubricantes utilizando materias primas nacionales, terminó fracasando.
En conjunto, la evolución de las sociedades del INI durante los años cuarenta muestra las carencias de la política industrial y más aún del conjunto de la política económica del nuevo Estado. El estrangulamiento financiero no tenía remedio dada la extrema debilidad de la Hacienda pública y la imposibilidad de recurrir a la autofinanciación, vistas la baja rentabilidad y las pérdidas de la mayor parte de las empresas.
La dependencia tecnológica de Alemania e Italia, principales socios de España durante la segunda guerra mundial, fue otro factor distorsionador, especialmente grave tras su derrota en la contienda.
En definitiva, el fracaso del INI era el de toda una política industrial que ignoraba las más elementales reglas de la economía. Los escasos recursos disponibles se asignaron ineficientemente, se incurrió en altos costes de oportunidad y se dificultó el desarrollo de las empresas privadas.
Proyectos que favorecieran la autarquía era imprescindible importar una amplia gama de productos y tecnologías, tampoco se pudo garantizar el suministro necesario de combustibles y electricidad, el motor de la industria.
Finalmente, el marco proteccionista y los privilegios concedidos a las empresas del INI hicieran que éstas crecieran sin disciplina de costes y sin exigencias de competitividad internacional.
En conjunto, podemos decir que el estancamiento industrial de España durante los años cuarenta se debió a las incoherencias y errores de la política autárquica. Finalmente, otra causa del estancamiento a mencionar es el descenso de la productividad del trabajo que obedeció a un conjunto de factores directamente vinculados con la política económica.
Las dificultades para importar maquinaria y recambios provocaron un grave deterioro de las instalaciones industriales. El caos y la carestía de los transportes dificultaron el normal suministro de las empresas.
Por último, incidió negativamente la perdida de capital humano y la política laboral del franquismo, que provocó el empecinamiento de las condiciones de trabajo y el descenso de los salarios reales.