La industria textil, sin duda, fueron las manufacturas que experimentaron una modernización más intensa y las que dieron lugar a auténticos procesos de industrialización en algunas zonas, siendo el subsector algodonero el más importante y dinámico, con importantes efectos de arrastre en otras industrias como la siderurgia, el desarrollo minero o la industria química. En términos generales, la producción algodonera nace, prácticamente, con el comienzo del siglo XVIII. Demás subsectores, como lana, seda o lino también experimentaron transformaciones relevantes.
La industria algodonera fue protagonista de la primera revolución industrial en Gran Bretaña y también en los países europeos que, con mayor o menor retraso, siguieron sus pasos. En España ocasionó importantes cambios técnicos y organizativos más profundos y de mayor impacto sobre la economía en su conjunto. Se produce una sustitución del sistema tradicional de hilado que realizaban trabajadores rurales en sus casas por auténticas fábricas en las que se instalaban máquinas de más de doscientos husos y con la introducción de fuerza a vapor, siendo Cataluña pionera en este proceso, y especialmente Barcelona en 1835 aunque esa fábrica pionera fuera incendiada. La guerra civil carlista que asoló Cataluña entre 1833 y 1840 retrasó el estallido industrial.
El crecimiento no fue continuo, la guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) supuso el cese de las exportaciones de algodón bruto del principal proveedor mundial, con el consiguiente efecto sobre el sector manufacturero en toda Europa. En España, este efecto se separa en dos fases, la primera estuvo presidida por el recurso a la máquina de vapor, sin embargo, hacia 1870, el elevado precio del carbón forzó el retorno a la fuente energética tradicional, es decir, el agua; que fue posible gracias a la introducción de la turbina hidráulica, permitiendo convertir la fuerza del agua en energía mecánica de forma mucho más eficiente que la antigua rueda.
Los factores que condicionaran a favor el crecimiento será la política proteccionista en la medida que el sector textil consiguió la elevación de los aranceles a la importación del tejido del algodón. Un segundo elemento, mayor represión al contrabando, principalmente, a productos textiles desde Gibraltar. Y como tercera política proteccionista favorable, es la rebaja de los aranceles de las materias primas básicas, del carbón necesario y algodón en rama.
Entre 1840 y 1880 la producción algodonera española se multiplicó por siete, (uno de los indicadores más significativo es la importación de materia prima, algodón en rama que no produce nuestro país y que vendrá, principalmente, del mercado americano) mientras que el producto nacional bruto no pudo hacerlo por más de 2, aunque tuvieran el mercado interior reservado por el efecto de los aranceles proteccionistas, para ampliar a tal ritmo la producción, los fabricantes de tejidos lo hallaron en el incremento de la productividad derivado de la mecanización y en la consiguiente reducción de los precios. Los precios de los tejidos de algodón disminuyeron entre 1841-1845 y 1876-1880, en un 60 por 100, mientras que los del trigo, que podemos utilizarlo como referencia, se habían elevado ligeramente en el mismo periodo. Esto significa que un agricultor castellano o andaluz había acrecentado su capacidad adquisitiva de estos tejidos de una forma notable, aunque no hubieran aumentado sus ingresos monetarios, es conocido como el efecto renta de la caída del precio de un bien. Esta reducción de los precios relativos hizo posible que los nuevos géneros de algodón desplazaran del mercado a los antiguos tejidos de manufactura local y a los ingleses introducidos de contrabando.
Esto produce cambios en las pautas de consumo, que vienen condicionado a los precios de tejido de algodón que se ofrecen más bajos frente a otros tejidos que eran los principales entre los consumidores, proceso de sustitución de lana, lino, etc., por algodón debido a los precios más bajos. Otro elemento en el comportamiento del consumidor, son las características de la nueva fibra condicionado por las condiciones higiénicas frente a la lana, por ejemplo, además de alternativas visuales atractivas.
Respecto a los mercados externos. La producción algodonera tenía una serie de límites por los que no se produjo más para la exportación, entre estos límites están las guerras, de independencia, carlistas o incluso la guerra de Secesión de América donde importaban las materias primas. Los mercados de la colonia también se habían perdido tras la independencia a excepción de unos pocos.
Las movilizaciones luditas, respuesta por parte de los trabajadores al proceso de sustitución de la mano de obra por máquinas. La destrucción de las máquinas forma también un inconveniente. Razones por las que los industriales catalanes cuentan con una serie de ventajas: en primer lugar las relaciones comerciales que disponen. La superior renta per cápita debido a la estructura de la propiedad de las tierras, la mayor especialización agraria como la vitivinícola. El excedente agrario también favorece un mayor ahorro para la inversión a una industria naciente, mercado e inversión. Un tercer elemento será la oportunidad de sustituir carbón importado por energía hidráulica, los flujos del Pirineos favorecieron el desarrollo de uno de los procesos productivos, la hilatura cerca de los lechos de los ríos. El coste del agua es cero una vez realizada la inversión. El inconveniente es la instalación de las fábricas hacia el interior, hacia las montañas donde se encuentra ese paso fluvial, que te aleja del mercado donde se consume el producto, elevando el coste de los transportes, reduciendo las posibilidades de competir en un mercado internacional. Los efectos de arrastre, en la zona donde se desarrolla la industria del algodón, se crearán una especie de distritos industriales, el desarrollo arrastra a la industria química para tintes y metalúrgica para la construcción de las máquinas (y su mantenimiento).