Los ciclos de la economía española coincidieron con los europeos, aunque con diferente intensidad sectorial; en el corto plazo, estuvieron marcados por las cosechas, y en el largo plazo, por la coyuntura internacional.
Como en el resto de Europa, la economía española del periodo de entreguerras operó en un contexto caracterizado por la acentuación del intervencionismo, el corporativismo y el proteccionismo exterior. En la posguerra mundial, la demanda de consumo fue insuficiente y la industria española se vio amenazada por la sobreproducción; de ahí que los empresarios apoyaran la cartelización oficial propuesta por la dictadura de Primo de Rivera; al igual que hicieron algunos sindicatos como la UGT, de filiación socialista.
También en los años treinta la demanda agregada fue inferior a las posibilidades de producción, y los gobiernos republicanos plantearon otras medidas intervencionistas y proteccionistas. Asimismo, igual que en Europa, la política económica española puso en cuestión el sistema liberal y de mercado, tanto bajo la dictadura de Primo de Rivera como en la República.
Por tanto, se distinguen dos ciclos, que coinciden con los europeos. El primero fue el ciclo bélico, con la fase alcista de 1913-1920 (salvo en los países beligerantes), cuando España conoció una coyuntura excepcional que alentó un notable crecimiento económico, seguida de una fase de estancamiento en 1921-1923.
El segundo ciclo comenzó con el notable crecimiento económico entre 1924 y 1930, y finalizó en la moderada crisis de 1931-1934, que duró poco, pues ya en 1934 y 1935 se apreció una recuperación económica.
Entre 1914 y 1920 afloró en España, como en todos los países neutrales, una prosperidad en los negocios relacionados con el exterior; cuando finalizó la conflagración, la economía española volvió a evidenciar sus ineficacias y problemas tradicionales, pero acrecentados por los desajustes en la producción, en los transportes y en la distribución de la renta generados por la guerra mundial.
Los cambios vienen dados por las aportaciones de las nuevas industrias en el PIB, la industria adquiere mayor importancia sobre el PIB al 30,3% que supone en la década de 1930. La evolución del crecimiento industrial pasa por distintas fases y algunos elementos condicionantes de esa evolución, evolución del IPI.
Crecimiento según etapas:
1882-90. Debilidad condicionada por la demanda agraria y la competencia externa. Relacionada con la crisis agraria finisecular, por ser el sector agrario el demandante de los productos industriales, toda crisis en este sector, origina una crisis en el sector industrial. Y por la mayor competencia externa con el sector industrial.
1891-1900. Crecimiento industrial apoyado en la protección arancelaria y depreciación de la peseta. Con el arancel Cánovas, el aumento de la protección a la producción nacional, crecimiento condicionada a cuestiones institucionales más que por cambios sustanciales en los agentes.
1900-13. Moderación del crecimiento industrial: los efectos de la falta de competencia
1914-1920. Un crecimiento engañoso durante la Primera Guerra Mundial: los beneficios derivados del alza de los precios. Espectacular crecimiento de producto, debido a la neutralidad de nuestro país en el conflicto bélico. Éramos poco competitivos industrialmente, pero el marco de la guerra que provoca el abandono de estos países punteros en la producción.
Aumentando el valor de esos productos industriales españoles no competitivos, un aumento de los precios más que la cantidad, métodos de producción obsoletos, desechadas en momentos anteriores ya que ahora producir incluso a altos costes sigue siendo rentable, por la subida de los precios y la demanda de los países que están en conflicto, se trata de un desarrollo coyuntural, para abastecer a los países en conflicto y para ocupar el hueco en el comercio internacional que estos países han dejado.
1921-1928. Desarrollo de la industria moderna: la reinversión de los beneficios de la guerra, intervencionismo, coyuntura internacional, inversión extranjera y expansión del comercio exterior. El proteccionismo y el intervencionismo contribuyeron, aparentemente, a favorecer el crecimiento económico y el desarrollo de la empresa industrial moderna en España, durante los años veinte.
Pero fueron más importantes los fondos acumulados durante la primera guerra mundial, y otros factores como las ayudas del Estado, la favorable coyuntura internacional, la expansión del comercio exterior y las inversiones extranjeras. Asimismo, en el aumento de la inversión privada durante los años veinte fue determinante la pacificación social impuesta por la fuerza y la represión durante la dictadura.
1929-1935. Crisis industrial asociada a la Gran Depresión y a la retirada de inversión en los primeros años de la II República. Afectando en gran medida a aquellos sectores que dependen para su crecimiento de la demanda externa o aquellos sectores que han buscado financiación en el exterior. Además, del miedo al cambio de gobierno, difícil saber con qué peso repercutió.
La diversificación industrial.
Podemos observar en un cuadro más abajo la distribución sectorial de la industria según cuotas fiscales. Diversificación y mayor peso de la industria básica. La llamada tipología de Hoffman que refleja modernización a aquel momento en el que la industria de bienes de consumo supone entre 3,5 y 1,5, ratio a VAB de bienes de consumo entre VAB bienes de equipo – industrias básicas, iríamos con un siglo de retraso con respecto a Inglaterra.
La industria siderúrgica adopta un nuevo protagonismo, antes el hierro, ahora a finales del XIX lo será el acero. Producto con característica diferente, permitiendo una mayor capacidad de transformación en otros productos (alambres, láminas, …), ideal para una industria metalúrgica vital para el siglo XX como los automóviles y la aeronáutica.
La elaboración de acero requería un gran volumen de carbón y calidad, los cambios que se producirán, tienen que ver con las innovaciones tecnologías de finales del XIX, como el convertidor Bessemer que permitía obtener mayores cantidades de acero con menor energía.
Este convertidor tenía un inconveniente, era más eficiente cuando el hierro que se utilizaba tenía bajo nivel de fósforo, y esto se encontraba en solo dos países, uno de ellos España, en una zona de Bilbao. Por tanto, Gran Bretaña empieza a comprar hierro a España para su industria siderúrgica.
La única desventaja que había tenido la industria vizcaína era su carencia de combustible necesario, carbón, para elaborar hierro siderúrgico, así que no solo se desarrolla la industria minera española, sino también la siderúrgica, los vascos aprovecharán los buques que venían a buscar hierro a Vizcaya con carbón para la reducción de los fletes.
Esto permite el desarrollo de la industria siderúrgica de nuestro país para abastecer la demanda interna y sin altos costes, aunque no se convertirá en una gran industria internacional.
Los avances tecnológicos se convierten en un factor determinante del desarrollo de la industria siderúrgica en España, permitió mejorar la balanza comercial, y, por otro lado, con esos beneficios de los mineros por esas ventas se financiará la construcción de la industria siderúrgica, facilita el proceso de reducción de los fletes del carbón, siendo el precio de 8,75 pesetas a Bilbao, a Barcelona de 19,5 ya que no tenía retorno a Inglaterra, a Newcastle o Cardiff.
Igual pasará en Canarias con el precio del carbón debido al retorno de producción isleña: papas, plátano y tomate.
El sector textil sigue siendo poco competitiva con el exterior por sus costes, en primer lugar, por las materias primas necesarias y en segundo lugar la energía, era importante y aumenta los costes. El mercado interior, su tamaño y capacidad adquisitiva, aspectos escasos, y que limitan a este sector.
Las industrias textiles, con un alto límite de autofinanciación, se tratan de carácter familiar, sin grandes inversiones. La baja capitalización implica el uso de materias primas de peor calidad o el uso de mano de obra no especializada en determinadas fases del proceso productivo afectando a su calidad.
Un mercado interno con escasa capacidad de compra, de origen principalmente agrario, que se verá afectado por la crisis finisecular y con ello, arrastrando al sector textil, las posibilidades de crecimiento de la industria española serán los mercados exteriores, aquellos que puedan captar de forma inmediata la oferta, como los mercados de Cuba y Filipinas.
Otro golpe a este sector, será la pérdida de dichas colonias y por tanto sus mercado y demandas.
En la Primera Guerra Mundial, las tropas necesitarán tejidos, que serán proporcionados por la industria española, siendo un incentivo coyuntural nuevamente para este sector, acabada la guerra, los precios no serán los mismos ni las demandas (sobreproducción), vuelta a la competitividad, replegándose la industria textil, nuevamente, al comercio interior.
En cuanto a las nuevas industrias, el interés se empieza a situar a la industria química, haciendo hincapié en los fertilizantes. Una industria eléctrica, la primera etapa del desarrollo de esta etapa trajo grandes costes debido al problema de dotación de carbón.
El proceso de electrificación en 1880 fue muy lento y se reactivará a raíz de la Primera Guerra Mundial, la respuesta del sector eléctrico será una ventaja, invertir en la construcción de pantanos, de agua, que permitirán el desarrollo de una industria eléctrica vinculada a la fuerza hidráulica. Y, por consiguiente, el desarrollo de otro tipo de industrias que proveían productos eléctricos.
La financiación local o la inversión extranjera, como es el caso de la canadiense en la industria catalana o la inversión belga, francesa, o americana en Canarias, con la americana y su compra de diversas compañías formando UNELCO.
La geográfica industrial (un gráfico más abajo), la mayor parte se concentra en Cataluña, la región que por habitante aporta más por producto industrial, la segunda región será el país vasco, todas las regiones en azul significa que están por encima de la media.