Expansión del comercio exterior debido a un aumento de la demanda internacional, aumento de los precios, por una serie de cambios institucionales que permiten la liberalización del comercio, la liberalización de puertos y ampliación para el comercio con América, donde Canarias servirá de plataforma para el comercio internacional.
El resultado del crecimiento se debe a una expansión de la demanda internacional, de la capacidad de respuesta de algunos sectores autóctonos a las oportunidades aparecidas en los mercados foráneos y, también, de diversos cambios institucionales que afectaron principalmente a la organización de los tráficos coloniales.
La monarquía autorizó la creación de varias compañías privilegiadas para explotar en régimen de monopolio el comercio con determinadas zonas de sus dominios americanos. Estas concesiones pretendían recuperar el control de los intercambios con aquellas áreas en las que el contrabando era especialmente elevado y que se hallaban en una posición marginal dentro de la tradicional organización de los tráficos coloniales.
Los llamados decretos de libre comercio constituyeron la reforma institucional más importante en la esfera de los tráficos coloniales. El objetivo prioritario de los decretos de libre comercio no era otro que el de incrementar los ingresos fiscales en un momento de fuerte elevación de los gastos de defensa y en el que ya resultaba evidente el fracaso de la reforma tributaria en la metrópoli. En este periodo, los tráficos con las colonias americanas aumentaron notablemente. La expansión del comercio con las Indias fue también resultado del dinamismo económico de algunas colonias americanas, especialmente del de Nueva España.
En términos macroeconómicos, el comercio colonial tenia un peso reducido en la economía española. Probablemente, las exportaciones a las Indias no suponían mucho más del 1 por 100 del PIB. En Cataluña y en el litoral andaluz, las reformas institucionales y la expansión de los intercambios con las Indias sí supusieron un impulso de cierto relieve para el crecimiento económico. Los intercambios con América no fue grande, pero tampoco insignificante.
La creciente demanda europea de materias primas (lana) y de productos alimenticios de origen mediterráneo (vinos, aguardientes, pasas, almendras) constituyó una de las secuelas de la aceleración del movimiento expansivo de las economías de la Europa noroccidental. En valor de exportaciones, la lana suponía el 30,6% del total, un 15,8% para el aguardiente, 13,9% vino y las pasas el 7,2%. Las manufacturas un 3,7%, los alimentos un 49% y las materias primas el 47,3%. Importaciones del extranjero: algodón hilado, tejidos de lino y cáñamo, trigo, harina de trigo, tejidos de lana o bacalao. Esta composición del comercio con Europa evidencia el escaso desarrollo industrial de España y su especialización en el sector primario.
En síntesis, el comercio exterior tuvo un papel relativamente modesto en el crecimiento de la economía española en el siglo XVIII, pero resultó vital para el dinamismo de algunas zonas de la periferia; incentivando la especialización en cultivos más rentables y el desarrollo de actividades manufactureras y mercantiles sujetas a rendimientos crecientes por un lado; y por otro lado, la mayor variedad de la oferta de productos europeos y coloniales en los puertos estimuló los intercambios entre éstos y las tierras del interior y, por ende, facilitó el aprovisionamiento de alimentos de primera necesidad, cuya producción solía tener rendimientos decrecientes, a las ciudades costeras.