Carlos III había fallecido en diciembre de 1788, y las reformas ilustradas, cuyo vigor hacía tiempo que venía aminorándose, no habían logrado eliminar los principales estrangulamientos de la economía española, en especial las adversas condiciones de acceso a la tierra de amplios sectores de la población rural.
España padeció una fuerte inestabilidad política y económica durante el prolongado período de transición del Antiguo Régimen al sistema liberal, entre 1790 y 1840, la economía atraviesa dos fases muy distintas: 1790-1813 y 1813-1840. La primera estuvo caracterizada por la tendencia al estancamiento, la violentas crisis agrarias y el agudo movimiento alcista de los precios. La segunda fase, por un notable crecimiento del PIB, aunque convulso y distribuido sectorial y regionalmente de un modo bastante desigual, y por una severa deflación (esta fase, son una de las peores décadas conocidas de nuestro desarrollo económico moderno y contemporáneo).
Los acontecimientos internacionales condicionaron de manera importante la dinámica y las transformaciones de la economía española en la última década del siglo XVIII y en las primeras del XIX.
La Revolución francesa desencadenó fuertes tensiones políticas que acabaron desembocando en guerras prácticamente ininterrumpidas hasta la definitiva derrota de Napoleón en 1815. España no pudo permanecer neutral y se vio involucrada en costosos conflictos bélicos, unas veces contra Francia y otras contra Inglaterra, originando un fuerte desequilibrio de las finanzas públicas, una profunda crisis del comercio colonial y la acentuación del declive político de nuestro país en América.
La invasión en 1808 por el ejército francés provocó el desmoronamiento del Estado del Antiguo Régimen y propició que los liberales, por primera vez, alcanzasen un notable protagonismo político y que se llevasen a cabo importantes reformas económicas.
En este tiempo, se completa la industrialización de Gran Bretaña, que se difundió a través de distintas vías, hacia algunas regiones del noroeste de la Europa continental. Las repercusiones sobre la producción y el consumo de productos industriales en nuestro país se debe a 1) la mejora de la calidad y, sobre todo, el abaratamiento de las manufacturas británicas y de otros países de la Europa continental estimularon el incremento del contrabando, y 2) después de la guerra de la Independencia, la brecha tecnológica entre lo nuevo y lo viejo había alcanzado una notable magnitud en varios sectores, lo que alentó o forzó a grupos de empresarios de ciertas industrias, sobre todo a los del textil algodonero catalán, a plantearse la mecanización de alguna fase del proceso productivo y/o la introducción de cambios organizativos en sus firmas.
Una vez finalizadas las guerras napoleónicas. España tampoco logró la estabilidad política, debido a problemas de índole interna. El Estado absolutista era reacio a promover auténticas reformas fiscales que eliminasen los privilegios del clero y de la nobleza, y carecía de los recursos necesarios para afrontar el problema de la deuda y los levantamientos independentistas de las colonias americanas e incluso para proveer los pocos servicios ordinarios que venía proporcionando antes de 1808. Y por otro lado, los liberales no tenían suficiente fuerza política para construir por sí mismos el nuevo Estado.
La transición del régimen absoluto al liberal duró más de tres décadas: el cambio político se inició en la guerra de la Independencia (1808-1814), maduró en el trienio liberal (1820-1823) y cuajó definitivamente en el transcurso de la primera guerra carlista (1833-1840).